Esa gente que tiene una brújula en la cabeza que sólo le da vueltas. Esa gente. Tú no perderás solo el Norte, también el Sur, el Este y el Oeste. Y el problema es cuando te dirige un GPS y te da ya todo igual, y ya es tarde.
Ya no sabemos qué es un mapa. Ya no sabemos ni a dónde vamos. Nos dirigen los demás. Dirigidos por satélites de pacotilla. Con voces sin alma que nos hablan y nos dan indicaciones. De eso vivimos ahora. Ya no nos paramos en una cuneta, y sacamos un mapa con mil caminos y viajamos con el dedo sobre él, tomando nuestras decisiones. Perdiendo el tiempo en nosotros. Dejando la suerte en nuestras manos, debajo de un sol de verano.
Nos da todo igual. Nos da igual que el tiempo sea una línea recta. Queremos curvar esa línea. Queremos muchos máximos relativos. Buscamos un máximo absoluto. Pero no nos damos cuenta que solo creamos mínimo y parábolas que nos llevan a un infinito finito. Cumplimos años y no sabemos para qué.
Miramos al cielo y no decimos nada.
Mira que hay vicios en la vida que nos satisfacen más que lo que haces tú. Vicios que nos dan placer. A mí y a ti.
No leerás esto. O tal vez sí. Solo te aconsejo, que tires ese GPS y mires el mapa y me digas hacía dónde quieres ir. Pero antes, sal del polo norte y deja que la brújula indique tu Norte. Yo no dudo en acompañarte y hacerte compañía en esa cuneta.
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