Es de noche, las diez, las diez y media, no lo sabe, sí sabe que el hombre la ha llamado mientras estaba en casa de él. Él en su habitación. La abraza. Cierran los ojos. Hablan con la boca cerrada.
Va al compás de la música que tiene en sus cascos nuevos.
Una buena frecuencia, pasos, el piano va dándole el camino.
Las neuronas se relajan.
Se acaba la canción, empieza otra.
Ese ambiente francés de una de sus películas favoritas.
Las bandas sonoras suenan bien si tienes vida, si no estás solo en el planeta. Dan un aire más limpio a los pulmones, al cerebro, te hacen sentir bien, la hacen sentir bien
Ah, el acordeón, se notan las pulsaciones de las teclas del instrumento
El frío entra por el hueco de la bufanda y el vapor de su boca se marcha hacia atrás de la mujer.
Llega tarde.
A ella se le ocurre ver el teléfono que llevaba en el bolsillo del pantalón.
El roce de las prisas con el vaquero lo hace insignificante.
Diez llamadas.
La cena se estará enfriando.
Al pie del portal, saca las llaves, las tiene en orden. Para eso no hay prisa.
El ascensor debe estar en la quinta planta.
Prepara la segunda llave. Olor a espagueti a la boloñesa...
"¿Dónde estabas? te he estado llamando."
Ella no puede mirarle a los ojos
Su música.
Él.
"Cena sin mí. Buenas noches."
Cierra la boca.